Cali, septiembre 24 de 2026. Actualizado: jueves, septiembre 24, 2026 02:00
El próximo domingo 28 de agosto, es el Día Nacional de las Personas de la Tercera Edad y del Pensionado, en cumplimiento de la Ley 271 de marzo 7 de 1996, mediante la cual se determina que cada año, el último domingo de agosto, se celebre con el auspicio de las alcaldías y las gobernaciones.
La Organización Mundial de la Salud, aunque hace recomendaciones a los gobiernos para que protejan el envejecimiento saludable de las personas mayores, las definió con una frase un poco discriminatoria en relación con el ciclo de vida promedio: “En esos años de vida adicionales…”.
A pesar que la Ley 271 de 1996, ordenó en su artículo tercero que “el Gobierno Nacional la reglamentaría”, pasaron más de dos décadas para que se cumpliera el mandato legislativo. La Ley 1850 de 2017, establece medidas de protección al adulto mayor, penalizando el maltrato intrafamiliar y el abandono.
El decreto 163 de 2021, creó el Consejo Nacional de Personas Mayores, como órgano consultivo de carácter permanente del Ministerio de Salud, que promueva las acciones interinstitucionales de atención a las personas mayores.
La vejez -dijo Alberto Cortez- es la más dura de las dictaduras, la grave ceremonia de clausura de lo que fue la juventud alguna vez. El canta autor argentino, dedicó el más sublime himno que define esta última etapa de la vida de los seres humanos: “La vejez es la antesala de lo inevitable/ El último camino transitable/ Ante la duda que vendrá después/La vejez es todo el equipaje de una vida/ Dispuesto ante la puerta de salida/ Por la que no se puede ya volver”. Además, con su canción, Alberto Cortez nos advierte que la vejez llegará lentamente y nos hallará distraídos, probablemente dormidos en un colchón de laureles y se instalará en el espejo, inevitable y serena”.
El 28 de agosto será un día oportuno para que en familia reflexionemos sobre nuestra relación con los abuelos y, para que alcaldías y gobernaciones, revisen las cifras de los adultos mayores que se favorecen de una pensión, si es suficiente la cobertura de los centros geriátricos en servicio y, sobre todo, que apliquen políticas públicas de atención integrales.
Los opositores al gobierno de Gustavo Petro, buscando qué criticarle, a través de las redes sociales, objetaron a los ministros José Antonio Ocampo, de Hacienda, por tener setenta años de edad, y a Álvaro Leyva Durán, de Relaciones Exteriores, por tener ochenta.
Pero olvidaron que practicaba la inclusión, porque además de las etnias y el género, tuvo en cuenta que los derechos de las personas no se extinguen con la edad.
Son muchos los ejemplos, de adultos emblemáticos que en política demuestran cómo la edad dorada no equivale a “años adicionales” en el ser humano. Colombia ha tenido adultos mayores en el Gobierno, por ejemplo, los casos de Alfonso López Michelsen, Belisario Betancourt Cuartas, Virgilio Barco, entre otros.
El caso ejemplarizante de Latinoamérica, lo representa la figura de José Mujica, el mejor presidente que haya tenido Uruguay.
El maestro filósofo Jean Paul Sartre (1905-1980), con sesenta y tres años de edad, lideró en Paris las protestas de los jóvenes del mayo francés de 1968.
Ernesto Sábato, escritor argentino que vivió cien años, escribió sus mejores columnas para varios diarios del mundo, pronunció conferencias en universidades y en las tardes caminaba erguido por los parques de Buenos Aires. Simone de Beauvoir (1908-1986), compañera de toda la vida de Sartre, en el prólogo de su libro “La vejez” (Editorial Sudamericana 1970), cuestionó con anticipación las que serían las normas neoliberales que se están imponiendo y que vulnerarían los derechos de la tercera edad: “Los viejos, que no constituyen ninguna fuerza económica, no tienen los medios para hacer valer sus derechos: el interés de los explotadores es quebrar la solidaridad entre los trabajadores y los improductivos, de modo que éstos no sean defendidos por nadie. Son parte de los mitos y los estereotipos que el pensamiento burgués ha puesto en circulación”.
Gabriel García Márquez, en “El amor en los tiempos del cólera”, hace el más sublime y bello homenaje a los adultos mayores, precisamente enalteciéndoles el ámbito de la vida, que generalmente es censurado por las costumbres sociales, cuando muchos murmuran sus manifestaciones de sensualidad y sexualidad.
“Conversaron para entretener el tiempo. Hablaron de ellos, de sus vidas distintas, de la casualidad inverosímil de estar desnudos en el camarote oscuro de un buque varado, cuando lo justo era pensar que ya no les quedaba tiempo sino para esperar la muerte”.
Teniendo en cuenta que actualmente en nuestro país hay casi siete millones de adultos mayores, acorde a la proyección de las estadísticas de población del Dane, se calcula que en diez años Colombia tendrá 10 millones de personas en tercera edad.
Si actualmente se rehúsa cumplir las leyes de protección de la tercera edad, seguramente en un futuro próximo se ahondarán los problemas por la falta de atención social del Estado, los efectos de la pandemia, el deterioro del ambiente, la escasez de fuentes de empleo, el empeoramiento de la salud general.
Se augura una situación social nefasta, cuando las personas hoy productivas ya hayan incursionado en las estadísticas crecientes de población adulta de tercera edad.
Es un elemento de trascendencia que los legisladores deberán tener en cuenta cuando se discutan las leyes de seguridad social.
Mientras tanto, recordemos que en las filas priorizan los adultos mayores, que los puestos azules en el transporte masivo están reservados para ellos, que merecen trato amable de nuestra parte, que ellos tienen descuentos especiales en los sitios turísticos, acompañarlos en sus reivindicaciones laborales y pensionales. En este país que envejece, preguntemos: ¿cómo ven los jóvenes de hoy, su adultez mayor de mañana?
Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente
Fotos: Pexels
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