Cali, noviembre 7 de 2026. Actualizado: sábado, noviembre 7, 2026 10:49
Fotos: Comunicaciones Alcaldía de Cali
Luis Ángel Muñoz Zúñiga
El que la salsa caleña haya sido declarada patrimonio cultural inmaterial nacional no es un mero cumplido del Ministerio de Cultura a una fama de la ciudad, sino el reconocimiento de un proceso social cuyos antecedentes vienen desde hace más de medio siglo.
Sin embargo, hay que aclarar si el título de “Capital mundial de la salsa” sólo obedezca al hecho de que la ciudad es famosa por el gusto musical colectivo y el estilo particular de los caleños al bailar, o también, porque sea un semillero de orquestas salseras criollas.
Los antecedentes históricos muestran varios factores sociales que coadyuvaron para la acreditación de la declaratoria de bien inmaterial patrimonial : la ubicación geográfica, el papel de las emisoras difusoras de la salsa, el innovador mercado discográfico, el posicionamiento de grilles que convocaron a los bailadores, la formación de las orquestas pioneras criollas de planta en los clubes sociales y que amenizaron las ferias de la caña de azúcar, los “agüelulos” que sembraron el gusto por la salsa en los barrios populares, la exhibición del documental cinematográfico “Nuestra cosa latina” de la Fania All Star, los encuentros de soneros y coleccionistas, las publicaciones de los académicos investigadores de la salsa y la aparición de las escuelas de formación de bailadores.
Entre los antecedentes históricos fue importante el Club San Fernando porque contrataba orquestas caribeñas de reconocimiento nacional, por ejemplo, Lucho Bermúdez, Pacho Galán y Los Hermanos Martelo.
Como orquestas caleñas pioneras de la salsa en los años sesenta, hay que mencionar a Fruko y sus Tesos, La Gran banda Caleña, la Formula Ocho, Los Hermanos Ospino, Piper Pimienta Díaz y los Latin Brodher. En la década del setenta emerge el Grupo La Identidad.
En los ochenta: el Grupo Niche y la Orquesta Guayacán. Las orquestas femeninas, como Son de azúcar y Canela, demuestran que las mujeres, más que parejas de baile, también producen salsa. Todas estas orquestas criollas amenizaron las verbenas populares, al tiempo, que se posicionaban nacional e internacionalmente.
Otro factor fundamental fue la recepción de la salsa clásica por parte de los caleños, fenómeno explicable por la ubicación geográfica de la ciudad y el mercado negro disquero.
La vecindad con Buenaventura propició que los dueños de los grilles y los conductores de la radio adquirieran el producto disquero que los marineros traían de contrabando de Puerto Rico, Estados Unidos y Venezuela.
Entonces hubo un boom musical donde los programas de salsa marcaron los rating de audiencia, entre los que se destacaron Edgar Hernán Arce y Benhur Lozada. Los acetatos grabados con salsa tenían sellos americanos y venezolanos, siendo exclusivos para personas de la radio que complacieron las audiencias salseras.
Pero pronto la industria disquera de Medellín negoció los derechos y abrió mercado de discos de producción nacional, teniendo gran recepción en la ciudad de Cali.
Simultáneamente, surgen grilles sobre la carrera octava entre las calles 26 y 34, por ejemplo, Escalinata y Séptimo Cielo, replicando otros en el centro y sobre la avenida Roosevelt y la calle Quinta, por ejemplo, el Honka Monka, el Village Game y Cañandonga, donde concurrieron los bailadores de salsa.
El grill Maizalito, en el barrio Popular, la caseta La Canoa en la invasión barrio La Isla, El Playa Luz en el barrio Ignacio Rengifo, el bailadero El cajón en el barrio Calima y La Terraza en el Sena, promocionaron la salsa directamente en los barrios.
Cuando esos sitios no dieron abasto en la ciudad, los caleños buscaron a Juanchito, del puente para allá, distinguiéndose Don José y El Pailón.
Hubo bailadores que adquirieron fama al exhibir sus coreografías personales, por ejemplo, Jimmy Bogaloo, El Negro Carabalí, Amparo Arrebato y Watusi.
Es cierto que Santiago de Cali es la Capital Mundial de la Salsa por sus bailadores y sus orquestas criollas. Esas evidencias fueron importantes para lograr que el Ministerio de Cultura reconociera a la salsa de Santiago de Cali patrimonio nacional inmaterial.
Pero tal vez muchos salseros desconozcan el trabajo académico de varios investigadores que han publicado la historia y los fundamentos de la salsa.
Entre los más destacados, podemos mencionar: Cesar Miguel Rendón (El libro de la salsa); Alejandro Ulloa (La salsa en Cali; Salsa en discusión; Mi segunda piel: la pinta y el vestuario en el baile de la salsa en Cali); Medardo Arias Satizábal (La verdadera historia de la salsa; Palabra afroamericana); Cesar Pagano (El imperio de la salsa); Sergio Santana (Mi salsa tiene sandunga y otros ingredientes); Germán Cuervo (Historias de amor, salsa y dolor); Andrés Caicedo (Que viva la música); José Antonio Cuevas (Historia de la música del Pacífico); Umberto Valverde (Jairo Varela Que todo el mundo te cante); Enrique Millán Gómez (Memorias Musicales Valle del Cauca).
Ahora con la declaratoria de la salsa caleña como bien inmaterial patrimonial, es fundamental que a estas y otras fuentes bibliográficas se les designe un lugar especial en las bibliotecas públicas y populares.
Así mismo, que se innoven los currículos académicos de las instituciones educativas caleñas con una materia cuyo objetivo sea el conocimiento de las teorías estética, la historia de la salsa y la salsa en la literatura.
El Ministerio de Cultura, también debe apoyar a quienes han organizado a mutuo propio verdaderos museos de la salsa en sus casas.
Aunque la tecnología redujo en plataformas virtuales la salsa, sería importante que los jóvenes escucharan, conocieran y palparan los acetatos que contienen grabada toda esta historia musical.
Especial Diario Occidente
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