Las Farc anunciaron ayer, en La Habana, un cese al fuego unilateral hasta el 20 de enero.
El comunicado leído por \’Iván Márquez\’ dice que \”acogiendo el clamor de paz de diversos sectores del pueblo colombiano, ordena a las unidades guerrilleras en toda la geografía nacional el cese de toda clase de operaciones militares ofensivas contra la Fuerza Pública y los actos de sabotaje contra la infraestructura pública o privada\”.
Los colombianos no necesitamos mucho tiempo para saber qué intenciones había detrás de tan \”fabulosa\” noticia.
Terminada la lectura, los acompañantes de Márquez arengaron por un cese del fuego y de hostilidades oficial. En pocas palabras muchas falacias. La primera, al declarar un cese al fuego en todo el territorio nacional buscan venderle al mundo la idea de una gran penetración geográfica. Los colombianos tenemos claro que las Farc están replegadas en el sur occidente y que concentran sus acciones en municipios pequeños, con baja presencia del Estado y sobre todo con condiciones geográficas que dificultan el acceso de la fuerza pública. También resulta una artimaña pedir el cese de hostilidades oficiales. Colombia no puede caer en los juegos de palabras ni en las trampas de las Farc. La violencia del país tiene múltiples orígenes y para nadie es un secreto que las Farc tienen aliados en el narcotráfico, la minería ilegal y el tráfico de armas, por mencionar solo sus negocios más lucrativos. Este anuncio no es más que una cortina de humo del grupo guerrillero para organizarse y fortalecer a sus aliados en el mundo de la ilegalidad. El gobierno no puede dar ni un paso atrás, ni mover la cerca un centímetro. No acceder a una tregua ni a un cese al fuego bilateral es clave para la seguridad Nacional.
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