Ha salido muy orondo por estos días, el todavía nuevo y no consolidado Secretario de Seguridad, a decirnos como si fuera un gran descubrimiento, que un porcentaje alto de los homicidios que se presentan durante este año tienen que ver con ajuste de cuentas de bandas originarias de Buenaventura y que han hecho su aparición en Cali y, además, aprovecha la oportunidad para pedirle responsabilidad a la Administración Departamental. Resulta que resulta, como diría mi abuelo, que lo de Buenaventura es un proceso que tiene más de 30 años, que se inició por la misma razón por la cual Cali no es la capital del Pacifico de Suramérica, pues hasta ahora, la carretera o la autopista que debía vincularla con el Puerto no ha sido terminada y Cali sigue siendo una ciudad andina receptora de varias migraciones, pero la de Buenaventura ha sido la más caótica en los últimos 30 años.
Al no habernos conectado con el Pacífico, como sí lo hicieron las ciudades chilenas, ecuatorianas y peruanas, Buenaventura quedó, a pesar de recepcionar el 60% de la carga que ingresa el país, en un lugar insular, pero con una capacidad estratégica, que la ha llevado a consolidarse como el eje que facilita y garantiza el funcionamiento del narcotráfico.
Las crisis sociales y económicas , el abandono, además de los desastres naturales, han impulsado la migración hacia Cali, en sus primeras etapas, pero con el auge y la globalización del mercado de la droga, los inmigrantes todos ubicados en los humedales del oriente de Cali, construyeron un cordón umbilical, al no tener presencia del Estado nacional, que los ligó a la liquidez que genera el microtráfico, conformando verdaderos gobiernos criminales, que inicialmente operaban como pandillas, pero hoy se han logrado fortalecer mediante una dinámica de movilidad social, creando barrios, donde en sus parqueaderos abundan los carros de alta gama y en los corredores comerciales, tanto del centro como de la periferia, hacen presencia como empresarios y garantes el lavado de activos y el control territorial.
Los bloqueos que sitiaron a la ciudad y la pandemia dispararon este año los homicidios, que van a llegar a 1.300, por una razón elemental, porque la demanda global, pero especialmente en Nueva York, por ejemplo, se ha disparado en un 65%, creando una situación de incremento de los homicidios de un 35% y amenazando a las grandes ciudades con el regreso de las épocas de 1980, cuando la tasa de homicidios superaba los 150 por cada 100 mil habitantes. En estas circunstancias, los gobiernos criminales nuestros van a tenerse que fortalecer para satisfacer esa creciente demanda, así es la cosa.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar







