Lo que el paro no nos puede nublar

Diana Rojas

A Cali le estalló una bomba social sin precedentes. Llevamos un mes en una situación que pareciera no tener una salida próxima y que está concentrando la totalidad de la atención de la opinión pública. Sin embargo, nuestra ciudad no puede permitirse dejar de lado asuntos trascendentales de largo plazo que involucran el desarrollo y la agenda de ciudad que necesitamos consolidar, que parte además de la corrección de errores pasados que han minado la confianza en las instituciones.

Las razones por las cuales Cali se convirtió en el epicentro de la protesta social y en uno de los puntos más complejos de la movilización a nivel nacional son diversas. Desde luego, existe un malestar ciudadano histórico, porque a pesar de los buenos resultados económicos de la última década, con la pandemia más de 400.000 caleños cayeron en la pobreza en cuestión de 12 meses, lo que terminó por activar una bomba que no nos imaginábamos que estallaría el pasado 28 de abril, pero que sabríamos que vendría.

La ciudad exige ajustes y corregir errores del pasado. Mientras la agitación social crecía en las zonas más vulnerables, el alcalde hacía recortes de hasta el 20% del presupuesto en organismos misionales como las secretarías de Bienestar Social, Cultura, Deporte y Recreación y en Territorios de Inclusión y Oportunidades, lo que dejó coja una estrategia social que venía dando resultados en los últimos ocho años. Incluso, con respecto a 2019, hay organismos como Cultura que tuvieron recortes de hasta el 50% de sus recursos. El paro no nos puede nublar el hecho que se dejó de lado la inversión social mientras aumentaba el presupuesto para asuntos administrativos de la Administración Distrital. Esa es una lección dolorosamente aprendida: Cali venía haciendo una apuesta importante por lo social, que se abandonó inexplicablemente en el momento menos indicado.

El paro tampoco nos puede nublar que el sistema MIO fue destruido y, casi un mes después, seguimos sin saber por qué su infraestructura no estuvo custodiada; tampoco nos puede hacer perder de vista que Cali estuvo casi tres semanas sin transporte público, algo inédito e insólito en una metrópoli de dos y medio millones de habitantes, ante lo cual el alcalde y su gobierno determinan que la solución es activar unas rutas con buses del antiguo sistema de transporte público colectivo, algo que supone un retroceso de más de una década, a pesar de tener 800 buses del sistema de transporte masivo estacionados. Hoy esperamos del alcalde y de Metrocali que nos presente un plan de reactivación del sistema MIO, en un acto de transparencia con la ciudadanía.

El crédito de 650 mil millones de pesos, en su momento aprobado como un cheque en blanco, hoy ya tenemos claridad en qué se debe utilizar. Si el alcalde en estos 17 meses de gobierno no ha podido exponer con claridad cómo se invertirían estos recursos, hoy podemos afirmar que se deben utilizar mínimo 100 mil millones para la recuperación social, la infraestructura del sistema de transporte masivo y la reactivación económica.

Es importante destacar que el alcalde determinó aplazar la inversión en 60 mil millones en la Avenida Sexta, inversión que no estuvo contemplada en la exposición de la deuda y destinar esos recursos, provenientes del empréstito, para proyectos de inversión social en la juventud. No obstante, en este punto es fundamental que esos recursos se gasten en proyectos que agreguen valor, que generen capital humano y tengan efectos de corto y largo plazo. Ya tuvimos experiencias pasadas muy dolorosas por la falta de transparencia, necesitamos asegurarnos de que la reconstrucción social y económica de Cali no se convertirá en un nuevo escándalo que mine aún más la confianza de la ciudadanía en las instituciones.

El desbloqueo de las vías es una necesidad, pero no es un objetivo en sí mismo. Es apenas el punto de partida para responder a lo importante. Hoy el papel de la política es mucho más importante que nunca, porque es allí donde se toman las grandes decisiones que pueden cambiar el rumbo de la historia. En este caso, es ahí donde podremos salir de este difícil momento.

El alcalde y su gobierno tienen la oportunidad de asumir con transparencia y determinación el reto de hacer una buena política, que responda a las necesidades reales y sentidas de la ciudadanía. No se trata de cambiar de camisa, ni simplemente hacer cambios en el gabinete, es también renunciar al amiguismo y aceptar la rendición de cuentas claras como parte de un ejercicio permanente, que devuelva la confianza de la ciudadanía. Esto tampoco el paro nos lo puede nublar.

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