A comienzos de 1989, Carlos Holmes Trujillo, primer alcalde de Cali elegido popularmente, le comunicó a José Pardo Llada, el gran periodista cubano, el nombramiento como Director de la Feria de Cali. De inmediato, Pardo Llada me llamó y me ofreció la Dirección Artística del evento. Su deseo era asumir la dirección y promoción de la Feria, mi persona como responsable de la programación y Hugo Molina en las ventas. Un equipo fuerte, con otro equipo pequeño de asistentes. El año anterior se había intentado hacer una “Calle de la Feria” pero no había resultado exitosa. Pardo Llada me preguntó si yo conocía la Calle 8 de Miami. Nunca la había visto, pero Humberto Corredor la conocía perfectamente. Pardo me dijo: “Vamos a convertir la Calle 5ª en un gran paseo de rumba”. Así lo diseñamos, empezando desde la Avenida Colombia hasta el Parque Panamericano, con diez tarimas, ubicadas de manera equidistante.
En 1989 no existía Corfecali, la Feria anterior había quedado en déficit, el nombramiento era directo del Alcalde con una junta simbólica. El marco político y social no era el mejor. Estaba en pleno auge la guerra de los carteles. A mitad de año, Pablo Escobar amenazó a Cali con un diciembre negro, se atrevió a empapelar la ciudad. Nuestro objetivo internacional era Oscar de León, todo estaba acordado con su empresario Osvaldo Ponte, pero cuando estalló el avión de Avianca, a comienzos de diciembre, me solicitó pólizas de seguridad. No teníamos para eso. Nos preparamos con los artistas locales, era la década de esplendor de la salsa, con Niche y Jairo Varela a la cabeza. Un empresario independiente me ofreció a los Hermanos Lebrón, que unos meses antes habían hecho su primera presentación en Cali con mucho éxito. Les compré dos shows. También a la Dimensión Latina. El desfile de los bailarines de salsa fue novedoso, Liliana Salinas me ayudó mucho en eso y también Rafael Quintero. A comienzos de diciembre se murió María Rojas, mi madre, y fue un golpe durísimo.
En la segunda semana de diciembre, Pardo Llada me avisó de un desayuno en su casa, frente al Río Cali, con el alcalde Carlos Holmes Trujillo. Muy temprano. Carlos Holmes Trujillo le agradeció a Pardo Llada todo lo que estaba haciendo, a mi también me agradeció y luego se puso serio. Nos dijo: “Apreciados José y Umberto, ustedes saben cómo se encuentra el problema entre Medellín y Cali. Tengo que decirles esto, apenas explote la primera bomba, cancelo la Feria de Cali”. Pardo Llada y yo nos miramos. Nos despedimos.
A través de una persona, traté de investigar en las cabezas del grupo de personas amenazadas por Pablo Escobar. A los tres días me llegó un mensaje: “Dígale a Pardo Llada que no ocurrirá nada, sigan haciendo la Feria, nosotros respondemos por la seguridad de esta ciudad”. La Feria de Cali de 1989, de manera objetiva, es una de las tres mejores de toda la historia del evento, esa imagen de la Calle 5, con un millón de personas caminando, reuniéndose en cada tarima, con artistas excelentes, no ha podido repetirse.
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