Los colombianos vimos el 7 de julio cómo un grupo de indígenas sacaba arrastrado al sargento del Ejército, Rodrigo García, del cerro las Torres en Toribío, aunque éste y sus hombres tenían las armas de la República, no las usaron, dando respuesta a su formación, hoy, en Derecho Internacional Humanitario; prefirió llorar que usar su arma de dotación; en buena hora no lo hizo, convirtiéndose en un héroe del gobierno Santos. ¿Se imaginan lo que hubiese sucedido si en ese momento, so pretexto del levantamiento indígena, usa su arma de dotación? Los muertos no serían dos, como sucedió después, por algunas otras razones, sino cientos; gracias a Dios, esto no ocurrió y todos saludamos la aptitud del valeroso soldado de la Patria.
El problema indígena en el Cauca es muy antiguo y en la zona de la cordillera Central, tiene que ver con lo estratégico que es; el mismo Tirofijo bautizó este sector como, \”la autopista de la revolución\”, pues, permite la comunicación de la guerrilla entre: Caquetá, Tolima, Huila, Valle del Cauca y Nariño, facilitándoles el movimiento por estos laberintos durante más de 50 años, usados hoy, para el tráfico del narcotráfico y de armas.
El Cauca, por tener una alta composición indígena ha venido librando hace más de 500 años la lucha por la Pacha mama, propia de su condición ancestral y hombres como Quintín Lame, en el pasado, Feliciano Valencia y otros hoy, lideran esta lucha, que exige que sus territorios ancestrales no sigan siendo escenarios de una confrontación armada entre guerrilla y ejército, donde los muertos los ponen ellos. El problema es que Colombia, tal como lo define la Constitución política, en el artículo Primero: \”…es un Estado social de derecho, constituido en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales…\”. En el próximo seguimos…
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