Cali, noviembre 7 de 2026. Actualizado: viernes, noviembre 6, 2026 23:40
En medio de los planes de contingencia para afrontar el Covid-19, lo que ha obligado a revisar y ajustar presupuestos públicos, preocupa que el virus proveniente del lejano oriente se mezcle con un mal endémico de nuestro país: la corrupción.
Esta sí que sería una mezcla mortal, tanto o más peligrosa que alcohol con gasolina, pues si los recursos destinados para fortalecer la atención hospitalaria y atender a la población vulnerable no llegan a sus destinos oficiales, las consecuencias en materia de propagación de la enfermedad y de muertes a causa de la misma podrían ser catastróficas.
Históricamente las inversiones en salud y la asistencia a la población de escasos recursos han sido las puertas a través de las cuales los ladrones de cuello blanco han desangrado al Estado. En Colombia abundan las historias de hospitales en ruinas, pese a millonarias inversiones, o también aquellos en los que los insumos, equipos y medicamentos son adquiridos por precios cuatro o cinco veces más altos a los reales. Y ni qué decir cuando se trata de comprar comida para darle a los pobres, hay casos tristemente célebres, indignantes y vergonzosos, como una pechuga de pollo facturada a $40 mil, valor que no alcanza ni un pollo entero.
Con estos antecedentes, es necesario que haya una activa veeduría ciudadana a cada una de las partidas que desde la Nación, las gobernaciones y las alcaldías se asignen para atender las diferentes contigencias surgidas por el coronavirus.
Este papel le corresponde a los órganos de control, pero también los antecedentes de inoperancia de éstos producen desconfianza. Ojalá en esta oportunidad la Fiscalía, la Contraloría y la Procuraduría estén a la altura de las circunstancias e inspeccionen con lupa cada peso asignado para esta emergencia.
Fin de los artículos
Ver mapa del sitio | Desarrollado por: