En nuestra cultura latina, subdesarrollada y ladina, existen algunos personajillos cuyo ego les hace creer que son la última obra de Dios en la tierra. Se creen dueños de la verdad y de la justicia. Uno de estos es el Procurador General de la Nación-Fernando Carrillo- liberal, niño mimado de César Gaviria, después de Simoncito, quien llegó a ese cargo con el objetivo de posicionarse como candidato presidencial.
Y él se lo creyó. Solo se trata de alguien con credencial de abogado, que contó con el empujón de su padrino político para llegar a semejante posición oficial, cargo en el cual se ha dedicado a manipular, direccionar y amenazar a funcionarios y políticos con sanciones disciplinarias, con el oscuro propósito de ir logrando compromisos electorales que le puedan brindar una alta posibilidad de ser candidato al primer cargo del país.
Son muchas las investigaciones de carácter disciplinario que tiene archivadas o engavetadas buscando la forma de que esos investigados, gente con manejo de votos, se comprometan con su aspiración. Solo sanciona funcionarios de baja categoría como para disimular su oscura postura política, mientras a los peces gordos, con votos y dinero, les sepulta sus procesos como estrategia electoral.
Y lo grave, exigiéndole al presidente Duque que haga lo que le piden en la calle, una forma sibilina de buscar votos sin importar que la institucionalidad corra peligro y dándole personería a un grupo de personas que nadie eligió ni escogió para representar al país. No tenemos Procurador, solo un rebuscador de prebendas de poder, sin importar la forma y el fondo.
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