Cali, noviembre 7 de 2026. Actualizado: viernes, noviembre 6, 2026 23:40
Es ingenuo creer que una constituyente solucionará todos los problemas del país.
Aunque el Gobierno Nacional le dijo “no” a una constituyente, son muchas las voces que siguen insistiendo en el tema.
Desde la semana pasada, cuando la Jurisdicción Especial para la Paz ordenó la libertad inmediata de alias “Jesús Santrich”, se empezaron a escuchar propuestas que apuntan a una asamblea nacional constituyente para hacerle ajustes al sistema de justicia transicional que nació del acuerdo entre el anterior Gobierno y las Farc.
Si bien es cierto que la JEP fue concebida con errores, quienes buscan reformarla para evitar que genere impunidad, deben buscar las salidas dentro del sistema institucional vigente, pues convocar una constituyente abriría la puerta a una caja de Pandora que, en el estado de radicalización en el que se encuentra la política colombiana, podría llevar al país a un nivel de polarización exacerbado.
Diseñar una nueva Constitución cuando las cabezas de la política nacional están tan alejadas, podría dar paso a un peligroso espectáculo en el que cada orilla trate de imponer un modelo de país, y de lo que se trata una asamblea constituyente, es de construir un Estado para todos, en el que todos quepan y se reconozcan, con los mayores equilibrios, y lograr eso es imposible sino se incluyen y se respetan todas las visiones.
Los ciudadanos no pueden dejarse arrastrar por quienes pretenden hacerles creer que tienen que escoger entre dos modelos de país, ni por los apocalípticos que quieren vender la idea de que Colombia está sumida en el caos político, porque no es así.
El papel de los ciudadanos, por el contrario, debe enfocarse en llamar la atención de sus dirigentes para que busquen los consensos en la institucionalidad y no abran puertas, como la de la constituyente, que nos pueden devolver en el tiempo.
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