Crímenes cobardes

Wilson Ruíz

El ELN está equivocado en su estrategia de iniciar una ofensiva sistemática en contra de la Policía, si su objetivo, como lo han venido señalando, es buscar un proceso de paz.

Colombia sufrió antes métodos violentos de atentados contra la Policía perpetrados por grupos al margen de la ley. Sucedió con el cartel de Medellín cuando Pablo Escobar puso precio a la cabeza de los uniformados asesinando cerca de 550 policías. Las Farc también realizaron el llamado plan pistola con ataques a estaciones de policía y emboscadas a patrullas.

Estas acciones terroristas han sido pensadas como una demostración de poder, con la errada convicción que de esa manera llegarían imponiendo condiciones en una negociación.

Pero lo único que obtuvieron fue el incremento de las operaciones militares y el repudio de los colombianos.

Para las Farc no fue diferente, prueba de ese rechazo cosechado durante tantos años de atentados terroristas es el escaso apoyo obtenido en las urnas en las pasadas elecciones legislativas.

La forma en que fueron asesinados cuatro patrulleros en El Tambo (Nariño) y en Arauca, muestra la manera cobarde como la guerrilla comete estas acciones.

Al estilo de los sicarios al servicio del narcotráfico, buscan a sus víctimas, disparan y se esconden, en el caso de los crímenes en el puente internacional “José Antonio Páez” de Arauca, en territorio venezolano.

Los homicidios de los patrulleros Juan Carlos Barreto y Álvaro Iván Marín, en Nariño, y Jeison Alfonso Bejarano y Óscar Alberto González, en Arauca, no pueden quedar en la impunidad, fueron jóvenes que dieron su vida para proteger la seguridad de los colombianos.

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