Rosa María Agudelo

Nuestra tierra

Rosa María Agudelo Ayerbe

Tuve la oportunidad de visitar las Islas Canarias, en España. Me sorprendió la forma en que aprovechan cada centímetro de tierra para cultivar aún en pequeños lotes.

Las tierras no parecen tan fértiles, las condiciones climáticas no son las mejores y, sin embargo, salta a la vista su vocación agrícola.

En contraste, basta transitar unos kilómetros de nuestras zonas rurales para ver nuestro desperdicio.

Colombia discute el plan de desarrollo y en lo que se refiere al agro los puntos de partida lo constatan. La caída de la superficie cultivable, de las exportaciones agrícolas y del PIB agropecuario marcan el sector.

La cobertura en financiamiento, la asistencia técnica, la mecanización de cultivos, los sistemas de riego y la biotecnología agrícola son temas para grandes productores.

En general, todas las condiciones expulsan a los campesinos de sus tierras, de las que no tienen títulos, a las que no llegan vías y ni mucho menos facilidades para comercializar sus productos.

¿Podrá el gobierno Duque reversar esa tendencia? El plan establece siete líneas de acción para reactivar el agro. ¿Tendremos la agilidad y tenacidad para implementarlas? Colombia perdió hace mucho su vocación agrícola, recuperarla parece una labor titánica, pues también implica volver a enamorarnos de trabajar la tierra y encontrar en ella un camino para lograr un buen nivel de vida.

En Europa, “envidia” me produjo ver pequeñas ciudades agrícolas con todos los servicios públicos, buenas carreteras, sistema de riego en hasta en las más pequeñas parcelas, bellas casas “campesinas”, buenos carros en las plantaciones, bodegas de acopio de productos… ¿De que nos sirve vanagloriarnos de la calidad de nuestros suelos sino somos capaces de que produzcan calidad de vida para todos?

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