El anuncio y concreción de la conversión de Cali en Distrito -Especial contenido en la Ley 1933 del año 2018 volvió a activar las opiniones sobre si este es el molde de orden territorial que necesita la ciudad para resolver una serie de atascos y nudos de planeación y desarrollo que tiene.
Como Distrito Especial dejaría el modelo de las 22 comunas y se reagruparían los barrios transformándose en 5 localidades con alcaldes menores; cada localidad tendría un plan de desarrollo según sus especificidades; además el Plan de Desarrollo Municipal vigente tendría que reajustarse.
Desde otra óptica, los observadores agudos consideran que se presentarán inconvenientes con esta forma de ente territorial que es un copy/page de la Ley 1617 del año 2013 para extenderlo a varias ciudades son generalidades, sometiendo a implementación por acuerdo municipal lo que será el Distrito-Especial con precisión para el caso de Cali. Una situación traumática de entrada para comenzar a operar.
Cali no ha sido área metropolitana y debió haberlo hecho desde hace más de 20 años al menos, así no hubiese tenido que soportar el peso de la prestación de servicios públicos sin la concurrencia de los otros entes territoriales (agua, basuras, matederos municipales, telefonía distribución de energía…), habría tenido un organismo de Planeación conjunto con las ciudades circunvecinas, ampliado sus vías de comunicación para la interconexión con la concurrencias de los otros municipios.
Cali ya se acerca a ser una Megalópolis lo cual le exige que primero se convierta en ciudad-Región donde se puedan manejar con curia y dedicación los ecosistemas que la soportan.
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