Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Se acabaron los últimos gaitanistas

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Al cumplirse setenta años del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, ocurrido el 9 de abril de 1948, se demuestra que nuestros legisladores no pasan de las exaltaciones legales a su memoria, los colombianos padecemos de amnesia sobre la legitimidad de nuestros líderes y los partidos políticos perdieron su esencia y se destiñen sus banderas.

Con la Ley 425 de 1998, el Congreso de la República exaltó la memoria de Jorge Eliecer Gaitán, recordándolo como insigne pensador, constructor de nacionalidad y propulsor de la lucha por la restauración moral y democrática de Colombia.

Reconociéndole, a reglón seguido, como ejemplar hombre de Estado: concejal de Bogotá, diputado de Cundinamarca, representante a la Cámara, senador de la República, alcalde de Bogotá, magistrado de la Corte Suprema de Justicia, ministro de Trabajo, ministro de Educación y designado a la Presidencia.

Después de su muerte no sobraron los congresistas que en su honor erigieron bustos en varias plazas públicas y trataron de emularle su oratoria.

Pero esa ley está más robusta de reconocimientos y con pocas estrategias que sean realmente eficaces: “El Congreso de la República publicará veinte mil ejemplares de un libro con sus memorias escritas por su hija Gloria Gaitán”…”el Ministerio de Comunicaciones emitirá estampillas con su efigie”…”el Banco de la República diseñará billetes”.

¿Será digno ese número de ejemplares para divulgar la vida y la obra de Gaitán? ¿Por qué la ley no institucionalizó cátedra emblemática con su pensamiento? Definitivamente se acabaron los últimos gaitanistas. En estos tiempos qué falta hace su consigna ¡Por la restauración moral de la República! ¡A la carga!

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