Ni los únicos, ni los más

François R. Cavard M.

Mucha polémica ha generado la forma airada, enojada y corajuda como algunos ciudadanos colombianos, actuando de manera espontánea unos y de manera organizada otros, han rechazado la presencia del candidato de las farc a la Presidencia, y de su bandola, lanzándoles objetos no letales.

¿Acaso quién con dos dedos de frente puede creer que los hasta ahora impunes sujetos de esa calaña, que los infames responsables de cometer los más atroces delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra contra menores de edad, que los capos del mayor cartel de la cocaína del mundo, podrían salir a las calles de Colombia a burlarse de sus víctimas y a derrochar soberbia sin haber pedido perdón, sin haber reparado a sus víctimas, sin haber dicho la verdad, sin haberse comprometido a la no repetición, y sin haber pagado por tanta ruindad?

Aunque esos escasos y despreciables seres humanos miembros y simpatizantes de las farc dieron lo mejor de sí para mostrarse y acreditarse violentos, de muy poco les sirvió, pues el tiempo probó que ni son los únicos violentos, ni son los más violentos, y por eso perdieron.

De no ser por el alexitímico saliente, pocos réditos habrían cosechado estos asesinos tras décadas de cobardes asesinatos, de infames secuestros, de bombardeos a mansalva con cilindros cargados con metralla impregnada de materia fecal, de bombazos a indefensos ciudadanos, de ataques a nuestra infraestructura y recursos naturales. Si de aplicar justicia retributiva se tratase, otros objetos se le lanzarían al innombrable en cumplimiento de la ley del talión, pero como lo que por ahora se le lanza son huevos, se le está aplicando es la ley del…

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