Seguramente muchos pensamos que luego de superar la fase mas difícil de esta guerra inmemorial, las campañas políticas que les sucediera serían recordadas por el nivel del debate, en donde por fin se centrarían en la discusión de los asuntos cruciales de una sociedad que requiere corregir sus rumbos; en donde los medios de comunicación ayudarían a inducir este debate público, de tal suerte que la ciudadanía contaría con el juicio suficiente para la toma responsable de su decisión final.
Se nos olvidaba que, a pesar de los sucedido en Colombia en relación con la paz, los sectores mas influyentes del país poco o nada han cambiado, se sienten cómodos en medio del despelote, pelechan en el desorden, promueven el miedo como estrategia para el engaño, mienten vulgarmente cuando los candidatos que no responden a sus mezquinos intereses descollan, deformando su ideario y dignidad prevaliéndose de la influencia de algunos medios de comunicación que no tienen pudor, pero sí dueño.
Lo acontecido recientemente con los lideres de las FARC en Armenia y Florencia en el marco de su campaña electoral, grafica con precisión el anclaje que tiene Colombia con la guerra y el pasado. Algunos sectores azuzados por quienes se han aprovechado de la guerra para incrementar su poder político y económico, siguen en pie de lucha, dispuestos a violentar sus enemigos que, ya no lo son; tan solo son hoy, sus contradictores que podrían derrotar simplemente votando.
Les recuerdo que a través de cruzadas cercanas a ésta se sigue matando líderes sociales. A Colombia de nuevo la están incendiando y será el pueblo quien pague los platos rotos.
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