Las palabras conmueven, pero es el ejemplo el que convence: Hay actos que por su nivel de valentía, de responsabilidad y de dignidad exhortan a otros a proceder igual, y nada mejor para ilustrar esto que lo recientemente hecho por una comunicadora colombiana.
Tacaron burro quienes creían que no servirían de nada las gravísimas denuncias que a diario hacen las valientes mujeres de la Corporación Rosa Blanca acerca del reclutamiento forzado, del abuso sexual, de la explotación, de la violación, del aborto obligado y del asesinato de que fueron víctimas cientos de menores de edad por parte de la ahora impune sanguinaria izquierda colombiana comunista y narcoterrorista farc.
Muy seguramente fue gracias al heroico ejemplo de estas mujeres de la Corporación Rosa Blanca, quienes denuncian por todas esas atrocidades hasta al candidato presidencial de las farc, lo que alentó a esa mujer madura, casada y profesional, a denunciar a medias y después de quince años, que siendo mayor de edad fue víctima de una violación.
Y aunque le faltó señalar a su violador, recibió de sus colegas unas muestras de solidaridad que deben estar deseando en la Corporación Rosa Blanca. Falta ver si ahora que por fin descartó a quien muchos anhelaban fuese el violador, se mantiene ese voraz interés por conocer el nombre de su victimario y ese firme propósito por asegurar sea condenado.
Vergonzosa la enseñanza moral que deja esta situación acerca de la prensa: Antes que clamar justicia para cientos de niñas víctimas de violación por parte de las farc, prima su enfermizo capricho porque se condene a su declarado archienemigo político sin prueba ni denuncia alguna.
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