Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Quema de fallas de los caleños

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Al aproximarse el fin de año quién no recuerda al periodista Paco Luna, quien aprovechando la costumbre popular de hacer el “Año viejo”, en otrora promovía desde su programa radial la campaña “La quema de fallas de los caleños”.

Hacer un “Año viejo” es una tradición que hoy se extingue. Antes nos reuníamos todos los vecinos de la cuadra a confeccionar un muñeco regordete, borracho y feo, relleno de mechas viejas, que se instalaba en la esquina condenado al escarnio y sentenciado a morir incinerado el 31 de diciembre.

Faltando cinco para las doce un relator salía a leer el testamento, redactado por el más acucioso de la cuadra a quién no escatimaba señalar los vicios, las virtudes, las infidelidades, las debilidades o defectos de sus vecinos.

El testamento contenía jocosas clausulas o deseos: los malgeniados estarían obligados a volverse amables; los morosos a pagarle al tendero que no practicó el pregonado aviso de “hoy no fío, mañana sí”; algun@s enmendarían sus faltas al sexto y al noveno mandamientos; las familias rivales pactarían la reconciliación y, lo más trascendental, el compromiso colectivo de saludarse entre vecinos.

En la cuadra todos creíamos en el efecto esotérico del acto exorcista con el fuego, que volvería cenizas todas nuestras fallas humanas.

Emulando a Paco Luna, sería bueno revivir “La quema de fallas de los caleños”, porque las sentencias que él le señalaba a la Administración Pública, todavía necesitan solución: desempleo, violencia, fanatismos, falta de vivienda, amenaza de inundaciones, hacinamiento en los buses, congestión del tránsito, tarifas costosas de servicios públicos, inseguridad, basuras y huecos en las vías.

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