Es una verdad imposible de ocultar que mi Facultad de Derecho de la Universidad Santiago de Cali de la cual egresé con Honores, después de haber atravesado y formado parte de la generación y de la época más brillante de la historia pasada, cuando en un evento milagroso y en compañía de algunos de mis compañeros refundamos la Universidad, pues la del año 58 había fenecido, inventando por primera vez y única en la historia del país, el Cogobierno Universitario.
Igualmente formé parte del primer Consejo Superior, que reinventó la Universidad en 1969 y en la actualidad y después de muchos años soy el Profesor más antiguo de la nómina de Derecho y llevo sobre mis hombros el honor de ser Egresado Ilustre de mi Universidad.
He alternado mi ejercicio Docente con diversos cargos públicos y ejercicio profesoral en otras Universidades, quedándome al final de estos años solo como profesor de la Usaca hasta que los vientos nuevos así lo ameriten.
La anterior anécdota, no tiene otra disculpa sino la de expresar mi gran satisfacción por que la Facultad, después de una lucha seria y permanente del rector Carlos Andrés Pérez y obviamente del Decano Diego Tarapues, Logró que el Ministerio de Educación a través del Consejo Nacional de Acreditación le renovara la acreditación de Alta Calidad al Programa de Derecho y su Registro calificado por 7 años.
Esta noticia no es cualquier detalle en la rutinaria vida académica, es ni más ni menos, que aceptar el Programa de Derecho ha cumplido los requerimientos académicos, que apuntan a cubrir todo el escenario de la docencia, de números cabalísticos de docentes con Doctorados y Maestrías que articulen su profesionalización al imperativo categórico del mundo Universitario, de tener investigadores que a través de los llamados semilleros acrediten a los programas de Derecho como verdaderos centros de creación y profundización de los saberes Jurisprudenciales.
Diego Tarapues, le puso la cara y con pulso de relojero ha ido cuadrando minuciosamente la nómina debidamente seleccionada de cara a cumplir los requerimientos del Ministerio, pero sin olvidar que la Facultad, además de tener nuevos Doctores y Maestros, no puede sepultar la Memoria de la Universidad, guardada celosamente en los recuerdos y las nostalgias de sus antiguos maestros.
El privilegiar a los Docentes con Maestrías y Doctorados como profesores de tiempo completo, orientados a la investigación, es una empresa exitosa en el primer mundo, pues son precisamente estos maestros y doctores los que ganan los premios Nobel y producen los grandes avances científicos, pero con un respeto profundo por la docencia.
No necesariamente la profesionalización exhaustiva es una garantía de una gran docencia, pues yo conozco profesionales que han trabajado bajo mi tutoría, con avanzados niveles de profesionalización, que carecen de Cultura Humanística y una poca Vocación y escasísimas condiciones para transmitir saberes, pues han carecido durante toda su vida de una relación con la cultura, los libros y las bibliotecas, convirtiendo sus clases en una sucesión de esquemas y matrices distantes de los grandes acontecimientos de la cultura Universal.
Felicitaciones a la Facultad y a los Colaboradores del Decano Diego Tarapues.
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