En 1816 la novelista británica Mary Shelley creó un personaje al que dio vida en la célebre novela “Frankenstein o el moderno Prometeo”.
En este cuento, Víctor Frankestein, un ególatra descendiente de un rico y antiguo linaje nobiliario y político, se obsesiona por crear vida a partir de materia inanimada. Al final de su caprichoso experimento resulta “dando vida” a una monstruosa, rechazada y temida criatura que armó uniendo partes de cadáveres.
Exactamente 200 años después esa ficción de terror se hizo realidad, y con alas, mediante la ilegal y forzada creación de un remedo de paloma de paz que bien podría llevar por nombre “farcenstein santos”.
Esa pesadilla literaria fue convertida en realidad gracias a un sujeto igual de petulante a Víctor, aunque subdesarrollado, y también vástago de una acaudalada y vetusta estirpe aristocrática y ministerial, aunque subdesarrollada: el señor Juan Manuel Santos.
Muy seguramente por frecuentar salas de disección, patíbulos y mataderos dominados por desadaptados ideológicos radicales, este sujeto decidió unir partes de cadáveres comunistas, socialistas, revolucionarios, criminales de lesa humanidad, narcotraficantes, terroristas, asesinos, pedófilos, secuestradores, torturadores, masacradores e infames cobardes, para “dar vuelo” a esa farcenstein santos.
Pero, a diferencia de Víctor, Santos quiso la aprobación de la ciudadanía para que su pestilente engendro alado recibiera su certificado de nacimiento, petición que le fue negada.
Aunque hace un año el 83% del país no apoyó el vuelo de farcenstein santos, este decidió, con la miserable complicidad de unos pocos, “darle vuelo”, y si hace doce meses ese enteco era repugnante, repudiado, espantaba y no alzaba vuelo, hay que ver como se arrastra y en lo que está convertido hoy…
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar

