Escuchar a personas del medio artístico de la ciudad decir: ojalá el Festival Internacional de Teatro de Cali (FITCali) sea una fiasco, me recordó el cuento “Canibalismo” de Andrés Caicedo: “…la otra forma que conozco es comerse a la persona entera, así no más, a mordiscos lentos, comer un día hasta hartarse y meter el cuerpo al refrigerador y sacarlo al otro día para el desayuno”.
En Cali infortunadamente contamos con expertos en comer gente, motivados por la envidia y el odio y que buscan que a los caleños comprometidos con la ciudad les vaya mal, poniendo en práctica la frase: “caleño come caleño”.
Lo malo para estos caníbales del progreso, es que los ocho días del FITCali resultaron ser una fiesta de color que reunió a más de 20 mil personas en la que hoy puedo catalogar como la vitrina de talento teatral más significativa de la región.
Este evento dejó un saldo de 7 mil sonrisas infantiles de distintos colegios que se acercaron a los espacios de amor y expresión por el teatro.
Homenajes como el de Esquina Latina por sus 40 años, y el de Iván Montoya, quien inmortalizó a Jovita Feijoó durante 17 años y que dejó de existir hace dos meses, fueron aciertos de la Secretaría de Cultura y los organizadores del festival.
Montoya fue el espíritu sincero que más disfrutó de las 95 funciones del FITCali y del talento de grupos locales e internacionales de Cuba, México y Argentina.
A Cali, no le interesa contar con esas personas que se comen a la gente y le hacen daño al desarrollo cultural de la ciudad. ¡Evolucionen y dejen la mala leche!
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