Agro, productividad y empleo

Hebert Celín Navas

Quizá el mejor negocio del mundo está en la venta de alimentos, la población mundial depende de ellos para la subsistencia y cada día aumenta el número de habitantes en el planeta, en solo 45 años la hemos duplicado la población.

Sin embargo, en Colombia desde el gobierno de Gaviria, con la apertura económica, todos los gobiernos sin excepción han entregado este fabuloso negocio a las multinacionales extranjeras.

En la actualidad más del 50% de lo que consumimos en materia de alimentos es importado, arroz, lenteja, frijol, trigo, cebada, soya, sorgo, carnes, pescado, entre otros, son traídos de diversos lugares del mundo, mientras el campo nuestro sigue abandonado, improductivo, los campesinos sumidos en pobreza extrema, y las empresas que otrora se dedicaban a la agroindustria totalmente quebradas.

Con dos mares e infinidades de ríos, casi todo el pescado y mariscos que consumimos provienen de Ecuador, Perú, Argentina, China y hasta el Vietnam, mientras en el Pacífico colombiano los pescadores pasan todas las dificultades posibles, y es inexistente la industria alrededor de uno de los productos más importantes en la alimentación humana y que tiene un enorme potencial de consumo nacional y de exportación.

Urge un cambio de modelo agropecuario en el país, se debe aumentar significativamente el presupuesto del Ministerio de Agricultura, crear la infraestructura necesaria que facilite el transporte de los productos y sobre todo asegurar la comercialización creando las condiciones necesarias y renegociando muchos de los tratados de libre comercio con los cuales se entregó la seguridad alimentaria y el consecuente negocio a las transnacionales.

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