¿Qué hace un economista?

Rodrigo Fernández Chois

Esta fue la pregunta que me hizo Antonia, mi sobrina que ya cursa grado once y le asaltan las dudas profesionales que a todo futuro bachiller suelen atormentar. Reponiéndome de la sorpresa la miro y le contesto jocosamente: “No lo sé con precisión… Si llegas a averiguar me dices.”

Recuerdo que hace casi veinte años recibí el diploma de “Economista” en una soleada mañana capitalina… Y recuerdo también que antes de iniciar mi carrera me debatía entre estudiar la no tan ciencia que se ocupa de los vericuetos del alma -de la psiquis según la mitología griega- y de otra igualmente no tan ciencia que se relaciona con temas terrenales como la moneda. ¡Finalmente la balanza se inclinó por lo mundano! Con algunas canas adornando mis sienes, he llegado a la conclusión que la pregunta no es ¿qué hace un economista? sino ¿qué debería hacer un economista?

Hoy los economistas hacen muchas cosas: registros de valiosas estadísticas al igual que observaciones de inútiles hechos; atacar y defender doctrinas desde inaccesibles torres de marfil ajenas e indiferentes a la cruda realidad que las circunda; realizar ostentosos coloquios donde pretenden explicar porqué estamos como estamos o dictar cátedra en la que de manera atrevida y soberbia enseñan a alcanzar el “pareto óptimo”, un tecnicismo que suelen usar para no mencionar la palabra felicidad.

Entonces ¿qué debería hacer un economista? Y mi respuesta para mí querida sobrina es romántica e idealista: Buscar construir un mundo mejor y más justo siendo siempre consciente de que los recursos son escasos y de que la naturaleza humana es ambiciosa, egoísta y perversa… he ahí el reto.

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