En la actualidad las expresiones “Cambio Climático” y “Alerta Terrorista” ocasionan estados de ánimo diferentes, expresando desde el miedo hasta suspicacia.
Penosamente al causar este abanico tan amplio de posibilidades, su inobservancia preventiva puede transformar situaciones elementales de riesgo en tragedias con víctimas humanas.
Las Ramblas en Barcelona y las copiosas lluvias que dejó Harvey, degradado a tormenta tropical, a su paso por Texas, son una señal inequívoca de cómo cuando las autoridades desoyen las advertencias, los resultados pueden ser muy dolorosos.
En España hay un debate, porque desde mayo las autoridades conocían de una posible amenaza terrorista desarrollada en vehículos en contra de las actividades realizadas en el famoso paseo peatonal, y este pudo ser disminuido con la instalación de barreras físicas.
En Estados Unidos, el debate nace ante la negación reiterada por los republicanos, con el presidente Trump y su staff a la cabeza, sobre el cambio climático. Con Harvey arrojando lluvias fuera de cualquier previsión y estadística observada, los científicos advierten que la extraordinaria humedad proviene de los inusuales aumentos de temperatura hasta de tres grados en las aguas del golfo de México, atribuidas al cambio climático.
Cada gobernante en su fuero interno tiene la potestad de creer o no en los avisos preventivos que otras autoridades especializadas realicen, pero resulta incorrecto que cuando se trate de proteger la vida de cientos o de miles se desoigan las amenazas por intrascendentes que parezcan.
En Colombia, Armero y Mocoa son un triste recuerdo de desatender avisos preventivos de seguridad, ojalá esas dolorosas tragedias alejen el hábito de desoír y no asumir precauciones por la autoridad.
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