Un daño muy grave

Rodrigo Fernández Chois

La confianza es un valor que debe tras-mitir y conservar todo líder y equipo de go-bierno que pretenda dirigir una sociedad próspera.

Es la confianza econó-mica la que nos permite aceptar papel moneda, material metálico  o bits digitales a cambio de cualquier tipo de bien o servicio; y es la confianza en la ley y el orden la que ha propiciado la creación y surgimiento de los grandes asentamientos humanos que conocemos como ciudades, y que en suma, dan lugar a territorios nacionales de bandera común.  

H.L.Menken, un reconocido escritor americano del siglo pasado, escribió en una ocasión que era la confianza mutua, más que el interés mutuo, lo que mantiene unidos a los grupos humanos. Y cuando nos referimos a confianza institucional, la individual afirmación del escritor toma gran fuerza. Entonces, ¿qué sucede cuando la confianza institucional se desborona y pierde?  No hay duda de que fortalecer la confianza institucional toma bastante tiempo, un proceso equivalente al de toda una vida para construir un buen  nombre a nivel particular, ¡Y tristemente!, al igual que para este último, se puede destruir en tan solo unos segundos.

Lo que está sucediendo con la corrupción en la cima de la rama del poder judicial en Colombia es muy grave. Pero más grave aún serán las nefastas consecuencias por la pérdida de confianza en un valor tan importante como la justicia.

Lo que han hecho los corruptos implicados merece un castigo ejemplar no medido por cifras económicas relativas. No, el daño infringido a la confianza del país es igual o peor que la detonación de una bomba atómica y como tal merecen castigo.   

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