Miguel Yusty

Cali, ciudad encadenada

Miguel Yusti

Hace quince o veinte años la economía del narcotráfico decidió incursionar en empresas inmobiliarias y de construcción. En sus manos cayeron los barrios tradicionales de la clase media y alta. La agresividad como fueron intervenidos estos sectores que guardan la memoria urbanística de la ciudad fue de tal magnitud que con el silencio cómplice de los diversos departamentos de Planeación Municipal se dio curso a la demolición de casas y edificios que eran patrimonio histórico y recibieron la condena de ser remplazados por adefesios que nos avergüenzan.

Se construyeron verdaderas fortalezas con varios cordones de seguridad donde el encadenamiento de las entradas y salidas se convirtió en un elemento innegociable. Entre el 2005 y el 2007 el panorama era vergonzoso, había calles con inmensas cadenas que impedían el libre acceso, convirtiendo el espacio público y las vías aledañas en propiedad privada.

Cuando creíamos que desde la administración municipal se había suspendido para siempre este mecanismo de privatizar lo público, nos hemos encontrado que en el sur y en algunos barrios de reciente formación a lado y lado de la Simón Bolívar, se ha vuelto a implementar la costumbre de encerrar calles y lo más grave de rodear de cadenas las bahías de las unidades residenciales diseñadas para el parqueo de visitantes.

Es de tal magnitud el problema que la Secretaría de Gobierno Municipal se ha quedado corta y los funcionarios encargados de controlar la soberanía del espacio público dan declaraciones timoratas y confusas para escurrir su responsabilidad.

El Alcalde, Planeación Municipal y la Secretaría de Gobierno deben, a acompañar a la Policía Metropolitana, a quien faculta el nuevo código para que rompa estas cadenas de la vergüenza y el infortunio

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