El actual debate entre Daniel Samper y el expresidente Uribe describe una modalidad de informar denominada post-truth o después de la verdad. Este vocablo destacado por el diccionario de la universidad de Oxford como una de las palabras novedosas del 2016, recoge elementos del viejo modelo usado por los nazis. Joseph Goebbels pregonaba once principios de manejo de la información a través de comunicados o propaganda, entre ellos existían dos premisas que encierran las bases del significado de post-verdad.
La vulgarización de la información, concepto que pregona la popularización de los contenidos para adaptarlos al menos inteligente de los individuos, y la orquestación, planteamiento que implica cómo un contenido debe tener un número pequeño de ideas, repetidas incansablemente desde muchos enfoques, sin fisuras ni dudas; este asunto sintetiza porqué una mentira repetida suficientemente se transforma en realidad.
Así el montaje en contra de Samper ayuda a desviar asuntos previos como los hechos relacionados con las investigaciones que realizaba el antiguo director anticorrupción de la Fiscalía, quien tenía las averiguaciones en torno a Odebrecht y Reficar, hechos de los cuales poco o nada volveremos a escuchar y los cuales vinculan a figuras relevantes de la vida nacional.
Sin duda, el expresidente es un genio sin igual para distraer a todo un país con sus absurdos debates. También resulta llamativo cómo las redes sociales y la comunidad en general se deja arrastrar por posiciones maniqueas impulsadas en la sensiblería lejana a la razón. Pero así somos los colombianos practicantes del inmediatismo y cortos de memoria para lo fundamental. Ahora, a esperar el próximo trino vulgar para cambiar el escenario.
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