El siglo XIX que le correspondió vivir a Isaacs fue un siglo donde el peso de la religión católica era total sobre la sociedad y el Estado, producto del catolicismo inyectado durante más de 240 años de vida colonial, ello incidió en la conducta de todos los pobladores, y en pleno siglo XXI sigue incidiendo.
En los años de escritura de la novela “María”, Jorge Isaacs aún estaba imbuido por sus creencias religiosas, se movía entre sus bases y raíces del judaísmo y el paso al cristianismo que había dado su padre para lograr casarse. Luego, con su ingreso al liberalismo radical y después de ser cónsul en Chile, al identificarse con una educación laica, rompería con toda esa influencia para asumir la postura anticlerical.
La obra es dolorosa, alude a la enfermedad de ella y a la muerte sobreviniente, prematura. Podríamos dar una explicación, se trata del doble duelo con el que fue escrita. Isaacs perdió a su padre en 1861 y había perdido a su amada adolescente. La obra además de permitirle exponer su destreza narrativa, seguramente también le sirvió de catarsis para terminar de elaborar el duelo.
El universo religioso dentro de la novela, como lo expuso Carmiña Navia, es exclusivamente fuente de consuelo y aceptación de lo que el mañana depara a sus personajes, tanto en el caso de la enfermedad como en el caso de la esclavitud. Es decir resignación o soporte anímico para sobrellevar la situación, por no decir resignación con recompensa: desde el paraíso hasta la espera de alcanzar el cielo.
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