Leguleyadas, excesos de competencia que asemejan un prevaricato e interpretaciones de normas son parte de la novela de revocatoria en contra de Enrique Peñalosa.
En esta semana entramos en un nuevo capítulo, según lo informan los medios de Bogotá, sin que aun haya un pronunciamiento oficial. Las cuentas presentadas por el comité promotor contienen hallazgos o errores los cuales deben ser subsanados. Resulta hasta cómica la ambigua posición del CNE frente a unas y otras campañas; mientras de las presidenciales conocemos decires que mencionan aportes hasta por un millón de dólares sin registro por la firma Odebrecht, aun en indagación, a esta campaña de revocatoria de solo $110 millones la cuestionan por pequeñas diferencias.
¿Por qué tanta precisión e investigación minuciosa en las cuentas de la revocatoria y tanta laxitud en las cuentas de las presidenciales?
Conveniencias para detener el proceso, igualmente porque se evidencia el terror de la élite a que uno de los suyos sea relevado. De igual forma, la clase política cree que la gente no percibe las maquinaciones para obstaculizar, único camino para controlar los resultados.
Este pulso electoral deja entrever cómo los desmanes, la corrupción y el mal gobierno ya exacerban a la ciudadanía y la víctima sería Peñalosa dejando en riesgo las intenciones de Vargas Lleras de ser el sucesor presidencial.
En vez de encender hogueras con el uso de ardides para frenar esa revocatoria, deberían recuperar la gobernanza aplicando equidad y transparencia para no cederle espacio a falsos redentores de tendencias extremas e ilusionistas quienes aprovecharían el desencanto popular, conduciéndonos a regímenes lamentables.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar

