Mundial Cali 2022

Armitage, con imagen nacional

Ramiro Varela Marmolejo

El domingo pasado en la ciudad de Medellín, participando en el Campeonato Nacional de Atletismo, con delegaciones de 28 departamentos y 390 atletas, vivimos desde el estadio de atletismo Alfonso Galvis (contiguo al Atanasio Girardot), la amenaza de lo que son las barras bravas del Nacional. Ellos jugaban con Millonarios y nadie podía tener camisa azul, porque eran sus enemigos. Y lo delicado es que la selección Valle de Atletismo, 80 atletas, fueron perseguidos, por creer que pertenecían a Barón rojo del América de Cali. Definitivamente el comportamiento de las barras en Colombia es delincuencial y requiere acciones ejemplarizan-tes, como las del Alcalde de Cali, Maurice Armitage, quien sostuvo la orden del clásico a puerta cerrada.

En Medellín hubo gases lacrimógenos, tiros al aire de la Policía, hechos que estuvieron a punto de afectar el cumplimiento de nuestro evento y sus horarios. Recibimos muy buenos comentarios de todas las regiones del país, por la decisión del Alcalde de Cali de poner en su sitio las barras bravas.

Es urgente desarrollar dos medidas alrededor del fútbol: Ampliar el anillo de seguridad para prohibir el consumo de drogas, licor y reuniones e implementar control biométrico para desterrar la delincuencia, ya judicializada. Definitivamente las barras bravas pueden acabar el fútbol colombiano por la penetración de la delincuencia juvenil, problema nacional, que obliga  a más mano dura, en favor del deporte.

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