Descargas de oxitocina

Rodrigo Fernández Chois

Dicen los que saben que la oxitocina es la hormona que propende las buenas relaciones sociales, la confianza entre pares, el amor de madres e hijos e incluso le atribuyen funciones en el ámbito del eros y el éxtasis. Y fue sobre esta hormona que me instruí por estos días. 

Un estudio en Japón demostró que cuando los humanos acariciamos a nuestros perros mascota, se descarga  -en ambos seres: el sapiens y el que verdaderamente es fiel- torrentes de oxitocina que no sólo nos hacen inmensamente felices durante los breves momentos de contemplación, sino que refuerzan la relación  amo-perro tal y como ocurre con la madre y su hijo en el momento de la lactancia. Ya decía yo que algo tenía que haber en el hecho de sentir inmenso gusto al acariciar a Yesenia, una perrita que funge de mascota en mi hogar y que cuando preguntan sobre su pedigrí, mi esposa contesta con el eufemismo “es criollita”.

Profundizando en el mencionado estudio, leí que “Los perros se han aprovechado de nuestra sensibilidad parental, utilizando conductas como mirarnos a los ojos, para provocarnos sentimientos gratificantes y actitudes protectoras”.

Sea cual fuere las conclusiones… ¿Quién no goza acariciando un perro?, y si es propio,  ¡Mejor aún!

A pesar de que la mía, como reza el poema del presidente de comienzos del SXX José Manuel Marroquín: “no era una perra sarnosa, era una sarna perrosa”, cuando la consiento y me mira a los ojos, me hace feliz. Añadiré entonces la oxitocina al pool de hormonas de la felicidad para hacer trío con la dopamina y la serotonina. ¡Definitivamente todo es cuestión de química! 

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