El 16 de mayo se cumplió un centenario del natalicio de Juan Rulfo (México 1917), quien fuera considerado por la crítica como el padre de las letras latinoamericanas en el siglo XX y reconocido como su maestro por importantes escritores, entre ellos, José María Arguedas, Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges y Mario Vargas Llosa. Rulfo apenas publicó tres libros: Pedro Páramo (1955), una breve novela presentada en un pequeño formato de unas 60 páginas, El llano en llamas (1953), una colección de diecisiete cuentos con similares características editoriales, y El gallo de oro (1980), una novela corta con adaptación para cine.
Es poco conocida su monumental obra fotográfica y como escritor quedó debiendo a sus lectores la tan ansiada segunda novela que anunció titularía La cordillera. En este centenario hay que reivindicar a Pedro Páramo y a El Llano en llamas, misión bastante difícil para los educadores en estos tiempos de apogeo de los superhéroes impuestos a los niños por el cine y demás medios, cosa que provoca apatía estudiantil hacia lo clásico.
Controvierten dos enfoques sobre la enseñanza de la lengua castellana. Uno que argumenta sobre la necesidad de abrirle espacio a las nuevas producciones literarias. Otro que no renuncia a que las generaciones jóvenes tengan oportunidad de conocer lo clásico representativo de la identidad cultural latinoamericana.
El riesgo de los profesores consumistas del nuevo mercado editorial es que no escojan calidad literaria. El riesgo de los tradicionalistas es que no contextualicen las lecturas clásicas, ni les den vigencia con los nuevos tiempos y sólo se queden añorando el pasado.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar

