Míster Donald, tenga mucho cuidado la semana entrante cuando se reúna con ese impúdico santo devoto del albañal castrista. Le advierto de los peligros que le asechan en su encuentro con ese voraz fulano por cuanto más de 31.5 millones de miembros de la tribu que él dice representar estamos siendo víctimas de su desleal, embustera, fullera, y petulante médula.
Este arrogante sujeto es traicionero porque no obstante y que hace ocho años nos pidió un mandato, que le dimos, para ultimar a un diezmado cartel de ancianos narcotraficantes comunistas, una vez ungido de poder, pretende entregar nuestra tierra, que se aseguró de dejar cubierta por el vegetal que sirve de materia prima al narcotráfico, a quienes resultaron siendo sus pares ideológicos.
Este mezquino individuo es mentiroso por cuanto hasta cuando la evidencia se hizo inocultable, este vesánico judas negó a los cuatro vientos que estuviera negociando, en la guarida terrorista cubana y con el auspicio del infame régimen chavista, la entrega de nuestros dominios a esos caducos narcoterroristas.
Este gandul es tramposo por cuanto no obstante y haber acomodado las reglas del juego democrático a su conveniencia para vestir de legitimidad la claudicación que quiere hacer de nuestra soberanía, una vez derrotado en franca y muy dispareja lid electoral, está ahora fracturando nuestro ordenamiento legal en un desesperado intento por alcanzar su infame e ilegítimo propósito.
Ese envidioso fulano es ególatra por cuanto escucha y se cree los inmerecidos reconocimientos que le hacen en tierras remotas, mientras menosprecia y evade las exigencias, los reclamos, el rechazo y el desprecio que le declaramos los de su tribu. Es mal elemento ese santo, ¡pilas con él, Donald!
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