Dejaron crecer al enano

Rodrigo Fernández Chois

Mi niñez trascurrió en el último periodo de la “Guerra Fría”,  una confrontación  política de dos grandes potencias que nunca llegó a acciones bélicas. La razón elemental de la fría paz fue la comprensión de las  devastadoras consecuencias si se usaban las modernas armas que  entraron en escena en Hiroshima y Nagasaki.

Las dos grandes fuerzas competían -y creo que aún lo hacen- en poseer el mayor número de ojivas nucleares para saber cuál podría destruir al planeta el mayor número de veces ¡Como si una sola no fuese suficiente!  Por fortuna el recelo mundial de un aniquilamiento global se disiparía con la caída del Muro de Berlín y la superación del dogma comunista de la Europa del Este. Sin embargo, con sorpresa hemos presenciado como en estos últimos días la humanidad ha vuelto a revivir el temor a que se “apriete el botón” y se inicie el Apocalipsis.

Son pocos los países que poseen armas nucleares;  pero existe una gran diferencia si los países que las poseen se rigen por los pilares de la libertad y de la democracia, o si por el contrario, son naciones esclavizadas y gobernadas por ególatras dictadorzuelos. Esto último debería darle temor no solo a los países que no son del agrado de los opresores sino también a todo habitante racional que viva sobre la Tierra.

En el caso de Corea del Norte, que ejemplifica la peligrosa circunstancia referida en el párrafo anterior,  “dejaron crecer el enano”, por lo que las consecuencias de tamaña irresponsabilidad mundial las pagarán muchos inocentes. ¿Podrá aún el mundo libre terminar con esta situación antes de que sea irremediable?

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