Las palabras conmueven, pero el ejemplo convence

Francois R, Cavard M.

Lejos está el señor Iván Cepeda Castro de probar con su comportamiento que realmente es el pacifista que pregona ser. Hijo de convencidos, reconocidos y comprometidos militantes comunistas extremistas, exiliado a muy temprana edad en Checoslovaquia y Cuba, miembro de la juventud comunista colombiana (Juco), huérfano de madre (por penosa enfermedad) a los 19 años de edad, simpatizante del asesinado Bernardo Jaramillo Ossa, militante de la Alianza Democrática M-19, huérfano de padre (asesinado) a los 32 años de edad, y ahora militante del Polo Democrático… No la ha tenido amable ni ganadora en la vida el señor Cepeda, ¿pero acaso esto es culpa de quién?

En vez de seguir insistiendo en que los colombianos debemos perdonar a los criminales de las farc, primero los debe perdonar el señor Iván Cepeda. Y para que el señor Iván Cepeda perdone a las farc, deberá empezar por perdonar a su señor Padre por haber militado en el brazo político de esos narcoterroristas.

Los señores Iván Cepeda Castro y Álvaro Uribe Vélez tienen en común el sino trágico de haber perdido a sus progenitores por culpa de las farc, pero mucho hay de los logros con la que el segundo honra la memoria de su padre, a la sed de venganza con las que el primero deshonra al suyo. La paz empieza por uno mismo, y es tan importante estar en paz consigo mismo como parecer estarlo, y ni lo uno ni lo otro veo en el señor Cepeda… Y me atrevo a creer que quizás esto se debe a que está buscando el perdón en el lugar equivocado y con las personas que nada tienen que ver.  

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