Mucho hay de la tan meteórica como desastro-sa trayectoria revolucio-naria de un destacadísimo coronel de un insignificante ejército tercermun-dista, a la tan calamitosa como fracasada trayectoria involucionaria del mayor cartel narcotraficante del mundo.
A nadie sorprende que estos vencidos narcoterroristas de las Farc, presas de insurrecta locura y embriagados con el elíxir de poder que les ha dado el gobernante de turno, crean que sus nulos logros en democracia igualan en algo a la agónica y probadamente vergonzosa gesta del anodino oficial ese del Chávez quien, creyéndose la reencarnación del Napoleón Americano, resultó finalmente postrando a la otrora pujante y pacífica Venezuela.
Mucho hay de ese venturosamente fallecido déspota venezolano que se cansó de ganar en contiendas electorales, al nulo itinerario de logros que en las urnas tienen para mostrar tanto esos narcoterroristas de las Farc, como su generoso nuevo mentor y protector Juan Manuel Santos. Sí, porque una cosa es arrancar ganando las elecciones presidenciales en 1998, como lo hiciera ese coronel, para salir victorioso en otro pulso electoral en el 2000, para hacerse ratificar en su cargo en el 2004 al vencer en un referéndum presidencial, para hacerse elegir presidente nuevamente en el 2006 con más del 60% de los votos, para finalmente seguir repitiendo triunfos en las urnas en el 2012, a no haber sido capaces Santos y sus Farc de ganar ni siquiera un amañado plebiscito para que se les aprobara ese supuesto acuerdo de paz que habían negociado en la Habana.
Así como no se debe subestimar a nadie en democracia, tampoco es aconsejable alimentar miedos sobrevalorando las capacidades y posibi-lidades de un contendor sin nada para mostrar, ni siquiera vergüenza.
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