No sé a quién se le ocurrió que la rivera del río Cali colindante con la Clínica de los Remedios y la Torre de Cali podría convertirse a la manera de la ciudades europeas en una especie de pulmón verde que diera lugar a la práctica del ecologismo ortodoxo y las diversas actividades que acompañan el disfrute de la naturaleza, como son: los deportes al aire libre y demás prácticas recreativas que como el ciclismo y el trote se han convertido en una verdadera epidemia por todas las calles de Cali.
Durante la administración de Rodrigo Guerrero no se tuvo ningún escrúpulo en montar un proyecto que tranquilamente privatizó dos carriles de esta vía congestionada, donde desemboca todo el tráfico proveniente de la Carrera Primera, que trae consigo la movilidad de la zona industrial, el norte – norte de la ciudad y es ni más ni menos que la entrada de todo el flujo de viajeros provenientes del aeropuerto.
Este proyecto montado sin tener en cuenta el fracaso del MIO y la tragedia interminable de la movilidad, se encuentra hoy con una serie de irregularidades que van desde un atraso de dos años con los consabidos sobrecostos y una inexplicable controversia entre las secretarías de la administración actual, que no saben qué hacer con este elefante blanco.
Esa ruta que va desde la Clínica de los Remedios y termina en la Torre de Cali, es un camino tugurizado, permanentemente víctima de la inseguridad. Es hora pues de que los caleños sepamos la verdad y no nos vayan a condenar como efectivamente lo estamos, a financiar eternamente este descalabro como lo hacemos al creer que el Mío tiene salvación.
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