A raíz de la notable intervención en política de algunos clérigos y pastores, como así mismo de la transformación de algunos caudillos en guías mesiánicos, resulta necesario comentar cómo las ideologías políticas no son credos y menos que quienes se autoproclaman como redentores de los problemas, sufrimientos y escaseces humanas puedan resolver siquiera algún porcentaje de ellos.
Los problemas se resuelven en equipo, la política es un asunto mundano y la religión es cuestión del espíritu.
El caudillaje, fenómeno precedente al mesianismo, es la prueba fehaciente de la pobreza ideológica de las agrupaciones políticas, igualmente demuestra porqué la población afectada es inmadura en el conocimiento de sus derechos y deberes políticos.
Un caudillo simplemente es un líder con la elocuencia y el carisma personal necesario, que sin plantear soluciones de fondo atrapa incautos, además generalmente son déspotas enfermos por el poder. Pero si al caudillo la sociedad le atribuye conocimientos absolutos y le otorga acciones increíbles, tenemos a un mesías.
Y este es el asunto en el que quería hacer hincapié, caballeros como el popular pastor de Cartagena, quien sin vergüenza sentencia y condena a quienes actúan y piensen diferente a él, o el siniestro señor exprocurador, quien sin pena asume una tarea de anticorrupción cuando su desempeño ha sido salpicado por hechos como lo que él cuestiona, son la demostración de cuan bajo cae una sociedad que no encuentra un conductor apoyado en un consistente proyecto político.
Acontecimientos que invitan a reflexionar a dónde está el fondo del pozo en cual aún descendemos, para luego determinar cómo implementaremos un mejor vivir.
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