La lógica de endurecerse en lo militar para cosecharlo en una negociación política pudo tener sentido en Colombia alguna vez, perohoy ya no funciona, dejó de tenerlo porque las armas perdieron poder, porque se desprestigiaron en medio de la degradación de la guerra; al punto que, hasta las armas del Estado deberán someterse a un proceso de relegitimación y de recuperación de su monopolio.
Los del ELN están absolutamente equivocados cada que ponen una bomba, perpetran un atentado o justifican el secuestro, cuando esto ocurre, golpean la posibilidad de encontrar una salida política al conflicto armado existente, y mientras más se demoren en comprenderlo, más se demorará su solución definitiva.
Estas anotaciones son, porque esta guerrilla ha manifestado su intención de emprender un camino que le ponga fin a la guerra, y este camino, solo se construye con hechos de paz.
Para hacer la paz en Colombia se debe contar con un clima político favorable, con respaldo ciudadano, más cuando la pepa de la agenda del proceso de paz concebido con el ELN es la participación ciudadana; se precisa, además, que el país se movilice, promueva y defienda la agenda de paz, para lograrlo hay que seducirlo, enamorarlo y esto se logra a través de la política, en todo caso, jamás a punta de bombas.
Creo que la mayoría de los colombianos compartimos la necesidad de pactar un cese al fuego bilateral, me atrevo a decir que el Gobierno nacional también, pero la manera de concretar esta aspiración es desescalando la guerra y generando confianza. Confío en el futuro de este proceso, pero los elenos deberán facilitarlo.
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