Alberto Ramos Garbiras

“Populismo redivivo”

Alberto Ramos Garbiras

El populismo tiene una connotación peyorativa, lo refieren como algo políticamente incorrecto, señalan a una corriente de personas que buscan liderar un movimiento político atacando a la clase dirigente y a través de la demagogia ofrecer lo que no se puede logar. Se refieren a una utilización del pueblo inculto que se deja llevar por discursos volcánicos, o sea, dividen la población en dos:

1) los cultos que son ellos (la clase dirigente tradicional), y, 2) los impreparados, sin cultura política (en el fondo se refieren a los excluidos y a las personas inmersas en la pobreza). Quieren significar que quienes jalonan el populismo son burdos y promeseros, que no tienen compostura, ni cultura, que se comportan sin mesura.

El investigador francés Ranciere, en su libro “El descuerdo, política y filosofía”, define al pueblo como un sujeto político que se ubica en una brecha. De un lado pueblo como un todo de la comunidad, por ejemplo, el pueblo argentino, y de otro lado, una parte de la comunidad, la marginal, los miserables. Por eso toda comunidad política nacional, es una comunidad escindida. De esta forma se pretende descalificar a los populistas desde que aparecen para subvalorarlos. Y esto no es cierto presentado de esa manera esquemática. Por eso hay que evaluar las diferentes formas del populismo.

El populismo aflora cada vez que se produce una ruptura profunda entre el pueblo y las élites gobernantes incrustadas en las cúpulas de los partidos políticos, cuando se caen las políticas públicas de bienestar social y las instituciones son usadas para beneficio de los funcionarios y jefes de esos partidos; o entre los políticos profesionales y los gremios y el sector privado que vive de la contratación succionando grandes sumas.

En medio de las crisis democráticas de varios países los populistas han reaparecido: el populismo redivivo. Los populistas también buscan votos para ganar poderes locales y el poder nacional. Los partidos políticos formales, también buscan votos. Ernesto Laclau en su libro La razón populista, dice que, toda política de alguna manera siempre está contaminada de populismo. El “pueblo” del populismo es una construcción que genera una división dicotómica de la sociedad. Esto es un “nosotros”(el pueblo) y un “ellos”(los enemigos del pueblo).

Los populistas son efectistas, acuden a las obras de beneficencia masiva, a la caridad pública, a los actos administrativos de conmiseración y solidaridad, para aprestigiarse, pero no transforman realmente las condiciones sociales de los sectores subalternos dejándolos en los mismos estratos sociales a los que pertenecían cuando llegaron al poder. Los populistas son figuras que llegan a dirigir el Estado presentándose como renovadores y aparecen por fuera de los partidos tradicionales, son outsiders (fuera de lugar), con la opción de formar fuerzas nuevas que luego también subutilizan. Los populistas que logran credibilidad hacen reformas que benefician al pueblo, amplían la participación democrática, brindan oportunidades y dinamizan la sociedad. Ninguna forma de populismo cambia radicalmente la sociedad.

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