No hemos empezado a gozar las mieles del controvertido proceso de paz con las Farc y ya hay síntomas de alteraciones del orden publico en zonas de influencia del grupo guerrillero. Las denuncias de los alcaldes sobre la arremetida de bandas criminales empiezan a ser una constante.
Por lo pronto se reflejan en aumento de la criminalidad en algunos lugares del país y las autoridades de lo que hablan es de indicios. Sin embargo, estas afirmaciones coinciden con las realizadas este fin de semana por el comandante de las Fuerzas Armadas según las cuales en las áreas con presencia de cultivos ilícitos hay graves amenazas a la seguridad por reacomodo de quienes buscan apoderarse del negocio.
Colombia parece anestesiada por los sofismas que se han construido en torno a la paz estable y duradera que se vendió seria el resultado de acuerdo con las Farc. Lo cierto de nuestra realidad es que esta desmovilización quita a unos actores pero no acaba con el caldo de cultivo que alimenta la ilegalidad y la violencia en nuestro país. Más nos vale que salgamos pronto del letargo o al despertar encontraremos un recrudecimiento de los problemas.
El refrán popular dice que guerra avisada no mata soldado. La semana pasada el gobierno anunció que 65.000 hombres reforzaran la seguridad en las zonas de donde salen las Farc. Ya empezaron los operativos? Para ayer es tarde.
El país no puede aflojar un milímetro en su lucha contra el narcotráfico, una lucha en la que se ha venido cediendo como lo demuestra el aumento de los cultivos ilícitos, que se duplicaron en los dos últimos años. En buena hora funcionarios del gobierno de Trump anunciaron que revisaran ese tema a ver si bajo la presión de USA si tomamos cartas en el asunto.
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