Este fin de semana en una reunión de amigos hablando de la situación de Venezuela uno de ellos planteó que lo que mostrábamos en Colombia era una exageración de los medios y que la situación del vecino era mejor de la nuestra.
Argumentó índices de escolaridad, de salud y de vivienda. No hubo cifras que lo convencieran de que la debacle era real. Coincidencialmente, ayer tuve la oportunidad de hablar con un profesional venezolano, gerente de una importante empresa que cuya hija sigue en su país. Su relato conmueve, se nota el dolor que siente de ver la destrucción económica, social e institucional de su país.
Lo que mostramos los medios palidece frente a lo que relata sobre lo que viven los venezolanos. La escasez de alimentos, de medicinas y sobre todo la inseguridad alteran la cotidianidad de todos los ciudadanos.
Las preguntas obligadas fueron porque aguantan y hasta cuando. La respuestas fueron simples los dineros del petróleo y del narcotráfico, el apoyo de los militares al gobierno, la apatía internacional, la corrupción, el conformismo de un sector de la población que se entrega por los miserables auxilios del socialismo y sobre todo la división de la oposición. Algunos hablan de la venezolanización de nuestro sistema con pavor. Sin duda da pánico que Colombia vaya tomando decisiones que cambien el modelo. Entramos en épocas preelectorales con muchos espejismos y sofismas. Espero que el ejemplo de Venezuela conduzca a que los colombianos no creamos cuentos populistas y no caigamos en el abismo del vecino.
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