Hugo E. Gamboa Cabrera

Todavía no somos inviables

Hugo E. Gamboa Cabrera

Recién aprobada la reforma tributaria, el ministro Cárdenas viajo a los Estados Unidos para tratar de convencer a las centrales de riesgo con el cuento de que Colombia había salido de la recesión en que se encontraba. Le fue regular, pues una de esas centrales tuvo reparos al respecto. Lo que pretende el gobierno nacional es seguir prestando plata en dólares y dejarnos en el limbo financiero.

Preocupante. Lo cierto es que en el Congreso no profundizaron en las consecuencias de la reforma tributaria, que solo permitirá tapar un hueco fiscal enorme causado por el abrumador desgreño con el que se ha manejado la economía nacional.

El país común y corriente no entiende que hay un desajuste en la balanza de pagos y que la inversión, nacional e internacional, se estancó. Además, la galopante corrupción es un obstáculo para que cualquier reforma tributaria sirva.

En países como el nuestro, con tanta inequidad social, es complicado que los presupuestos oficiales funcionen correctamente. Y si los organismos de control solo funcionan coyunturalmente y con sesgo político, pues la situación empeora. Afortunadamente, parece que el nuevo fiscal general, Néstor Humberto Martínez, está tratando de enderezar los entuertos que su antecesor, jueces y magistrados en gran parte, le han brindado al país para no dejar que avance en su desarrollo y eficiencia. Ojalá no se tuerza también, pues nos lleva el diablo.

La desregulación financiera nos tiene en cuidados intensivos y pone en peligro nuestra democracia, pues ya hay candidatos populistas con sus cuentos de siempre. Cuidado con eso. Nuestra Colombia no lo merece.

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