Uno de los grandes problemas que originan las confusiones en la solución de los problemas en la ciudad, es aquella patología que le ha hecho creer a nuestros alcaldes que cada mandato es la fundación del paraíso terrenal que por supuesto no tiene un antes, sino un después.
Ante la sin salida en que se encuentra la avanzada montada desde la administración Guerrero por recuperar el Jarillon del rio Cauca y obviamente la reubicación de las miles de familias que hicieron de este muro su pequeño mundo, esta estrategia ha sido continuada de manera tortuosa. Armitage no nos ha indicado los tiempos, ni mucho menos y esto es lo más grave, el estado de la ejecución de ese mega proyecto que tiene un financiamiento de magnitudes nunca vistas.
Ni Guerrero ni Armitage se tomaron el trabajo antes de montar la intervención por lo menos de asesorarse de la hoy concejal María Grace Figueroa, quien fue la responsable de todo el proceso de identificación, adelantando un censo riguroso para que más de 900 familias pudieran recibir el Centro de Potrero Grande. Además de eso queda un libro donde esta detalladamente ilustrado el ejercicio, y los compromisos todos ellos incumplidos por parte de la Policía, la Cámara de Comercio, la CVC y que dieron al traste con esta exitosa experiencia.
Las épocas lluviosas siempre son justificaciones para acelerar la intervención. Ante el atraso, el presidente Santos decidió halarle las orejas a la administración y notificarles que en el 2019 deben estar terminados los proyectos. Espero que Armitage se ponga serio y coloque a sus asesores y al gerente del Jarillon a que por lo menos converse con la concejal para que le cuente la historia y no nos de la mala noticia de que la ciudad está inundada hasta la calle 25.
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