Altera mucho llegar a Cali, destino de unas vacaciones de fin de año y descubrir que el equipaje no viajó con uno. Pero indigna más desvelar que las maletas están en un aeropuerto distante de Cali, y además recibir explicaciones insensatas y soluciones absurdas al impasse por parte de la empresa aérea, con la cual se ha efectuado el viaje. Después de cuatro días el equipaje aparece y la compañía norteamericana se justifica trasladando la responsabilidad al exceso de viajeros de la temporada.
En pleno siglo 21 una empresa aérea no puede elaborar planes de contingencia para la avalancha de viajeros y así ofrecer un servicio óptimo.
¿Podrá Alfredo Bocanegra director de Aerocivil investigar y castigar a la empresa reincidente e infractora? Igualmente ¿tendrá la valentía para denunciar el abuso monopolístico que ejerce esta empresa en las rutas entre Estados Unidos y Cali? Superada la historia de las maletas los turistas visitan algunos eventos feriales, como los tres desfiles tradicionales, para ello incurren en la compra anticipada de cuatro boletas de palco, cuyo valor es de 400 mil pesos por día.
Pero la mala organización logística del evento convierte el paseo de cuatro personas, entre ellas dos de 80 años en un tortuosa caminata de veinte cuadras, porque son obligados a pasar al costado oriental de la autopista y para ello se usará un puente peatonal. Cuando llegan al destino que un funcionario torpe ha señalado, descubren que su palco está en frente de ellos, pero regresar significa ejecutar la misma travesía. Organizadores de la feria ¿no existe entrenamiento para sus auxiliares de logística?
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