Colarse en las estaciones del sistema de transporte masivo de Cali, no sólo sigue generando pérdidas millonarias para el desarrollo de la ciudad sino que es el reflejo de una cultura que no acata las reglas y justifica esta “vieja” práctica como una victoria donde los que perdemos somos todos los caleños.
Los 25 mil colados diarios que registra el MIO terminan siendo enemigos del progreso de una ciudad que anhela ser respetada y que no desea muertes por este tipo de actos que riñen con la honestidad.
La mayoría de estos ladrones del progreso resultan ser jóvenes estudiantes que por ahorrarse el dinero del pasaje terminan evadiendo la responsabilidad como ciudadano responsable de la transformación de la realidad social, económica y política de una urbe como la nuestra. Conductas como evadir pago del pasaje debe ser castigado y la administración municipal deberá optar por endurecer la norma y decretar que el infractor que sea sorprendido pague una multa en dinero.
A la gente decente le da temor denunciar a estos jóvenes cuando se cuelan en las estaciones y cuando alguien se atreve a reprocharle estos comportamientos resulta común escuchar reacciones como: “no sea metido” o “busque oficio sapo”. Aquí es donde los colegios que se encuentran ubicados cerca a los corredores del MIO juegan un papel importante en la solución a esta reprochable práctica de muchos de los estudiantes de Cali. Aunque respaldo acciones donde se promueve la cultura ciudadana, siento que este tema requiere de mano dura para mitigar y minimizar la problemática. La solución no puede quedarse únicamente en la realización de campañas educativas y de sensibilización frente al uso adecuado del sistema
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