Hace algunos años un presidente de la Andi promocionó la diferencia entre el “país nacional” y el “país político”, el primero, la opinión pública de todos los niveles socio – económicos, y, el segundo, los partidos políticos en el Congreso bajo un mandato presidencial. El proceso de paz con las Farc ha fracturado y de qué manera, tanto el país político como el nacional.
El plebiscito del 2 de octubre demostró que el país nacional está dividido en dos, en esa fecha, el No tuvo una ligera mayoría de 53.000 votos, entre 13 millones de votantes. Esta división se observaba en los estratos, estudiantes, gremios, empresarios, medios de comunicación y hasta en las familias. Y el país político ha llegado a una ruptura profunda entre el santismo (con partidos de izquierda) y el uribismo con partidos de derecha, hasta el punto de no retorno, por la refrendación del acuerdo de paz de La Habana en el Congreso, y el fast track, aprobado ayer por la Corte Constitucional.
El enfrentamiento del país político y nacional se ha radicalizado, vendrán por el ejercicio de la campaña presidencial subdivisiones del establecimiento, que se observarán en las votaciones calificadas para los actos legislativos que reformen la Constitución. Vale decir en la creación de la Jurisdicción Especial para la Paz y en la habilitación de guerrilleros con delitos de lesa humanidad para ser elegibles.
Con esta pugna ideológica y política por el poder, comienza otro oscuro camino de Colombia y parece no tener reversa hasta las elecciones presidenciales de 2018, donde también, independientemente quien gane, se proyectan conflictos sociales derivados de los seguros incumplimientos del acuerdo de La Habana.
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