Personas interesadas en la política, específicamente en el Partido Conservador, en el cual milité activamente durante varios años, al lado de inmensos líderes de la comarca como Carlos Holguín Sardi y Germán Villegas Villegas, herederos de personajes valiosísimos de nuestro Valle como Cornelio Reyes y Humberto González Narváez, me han pedido en varias ocasiones mi opinión sobre la actualidad del Partido, preocupados por el sendero equivocado al que lo han llevado algunos “dirigentes” de orden nacional, dedicados a utilizar el nombre del Conservatismo para enriquecerse a costillas de lo que hoy denominan “mermelada” , sin importarles para nada la tradición y la importancia de una colectividad que antaño creó entidades como los ferrocarriles nacionales o los seguros sociales, por mencionar algunos y que, lamentablemente, se acabaron por ineficacia y corrupción de gobiernos que no se preocuparon por defender entes territoriales como esos, en beneficio de la comunidad y que hoy tanta falta hacen. Hoy los colombianos padecemos el mal servicio del transporte urbano y de la salud.
El Partido Conservador dejó de ser alternativa de poder. Su importancia es mínima. Se convirtió en apéndice del gobernante de turno, al que le sacan la lengua para lograr beneficios personales pero al que poco se le conocen propuestas y hechos que redunden en pro del pueblo. Su ideología se reduce al yo con yo.
Personajes como Roberto Gerlein, Hernán Andrade, Maya Enriquez, Corzo, Efraín Cepeda y otros entre senadores y representantes a la Cámara, acabaron con la ideología de un partido que alguna vez fue importante y valioso para el país. Qué pesar.
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