Paradojas de la vida

Fabio Cardozo

Algunos están empecinados en mantener la guerra: trasladándola del campo al ámbito de la política nacional, manteniendo niveles de polarización que impidan encontrar procesos consensuales, obligando al país a trenzarse en un debate cargado de tigre, como lo diría uno de sus inspiradores, solo con el propósito de alargar este “chico” hasta el agotamiento del proceso de paz mismo.

Bien hizo el presidente Santos en retomar el liderazgo político, luego de su inexorable y esperado fracaso con los voceros del No -que además no representan a todos lo del No-, convocando al Congreso de la República para que traduzca legislativamente el proceso de implementación y asuma a partir de su fuero político la refrendación de los acuerdos.

Como era de esperarse, estos mismos sectores radicales cuestionan hoy el papel del Congreso como entidad representativa, como también lo han hecho siempre con la justicia, cuando sus fallos les desfavorecen, y que en general le apuestan al “descuadernamiento” del país para someter nuestra débil democracia a la égida de su “carismático líder” Weberiano.

Le toca hoy a los más “críticos del sistema” respaldar la institucionalidad del país, contrariando incluso a algunos que indignamente la siguen representando. A este flagelado país hay que defenderlo en especial de quienes ostentan el poder, ya no de sus históricos opositores que hoy defienden el establecimiento, mientras reaccionarios poderes tradicionales traspasan retadoramente la línea hacia la subversión.

Hoy le tocó a las Farc defender el Estado colombiano que combatieron de la ofensiva sostenida para derruirlo, de quienes se han ceñido incluso la banda presidencial. Solo la implementación y refrendación despejará el enrarecido horizonte

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