El robo a mano armada a 50 mujeres en Bogotá que se encontraban en una iglesia realizando un grupo de oración nos dejó nuevamente consternados. Digo nuevamente porque los casos de atracos de este tipo empiezan a ser frecuentes en todas las ciudades del país. Recordemos los registrados en una arepería de Cali, en una pizzería de Cartagena o el de una vivienda de Bogotá perpetrado por un grupo de 13 hombres disfrazados de policías.
Definitivamente, la seguridad ciudadana no puede seguir siendo una responsabilidad que los alcaldes asuman solos.
El Gobierno Nacional está pasando agachado ante la inseguridad que se vive en las ciudades. Mientras los colombianos lidiamos con líos cotidianos como este – sin mencionar los de la carestía, el desempleo o el invierno – luce ridículo que el Presidente se dirija cada noche al país para hablarle de los avances de sus conversaciones en La Habana, un tema que lo tiene hipnotizado.
En su papel de Nobel de Paz, Santos no puede olvidarse que le quedan dos años de Presidente y que el país tiene problemas que también exigen su atención y que, aunque él no lo crea, son más importantes para el común de los mortales.
Su cuento del posconflicto y de una paz estable y duradera lo traslada cómodamente al futuro mientras nosotros batallamos con un presente que para nada es el jardín de rosas en el que el Gobierno habita.
Es hora de que los dirigentes salgan de su burbuja y piensen en políticas públicas para enfrentar los problemas reales con los que lidiamos los colombianos.
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